ROMA, 9 junio 2003 (ZENIT.org).-
Según el responsable nacional de la «Renovación en el Espíritu» en Italia,
Salvatore Martínez, Pentecostés constituye una ocasión para pedir por la unidad
de los cristianos, para recibir nuevos carismas y para redescubrir la vocación
evangelizadora de la Iglesia y de cada bautizado.
Con ocasión de la solemnidad de Pentecostés del pasado domingo --en el que se
celebra la efusión del Espíritu Santo sobre el primer núcleo de la Iglesia cristiana--,
Martínez habló ante los micrófonos de Radio
Vaticana del papel del Espíritu Santo, «la persona de la Santísima Trinidad
que hace experimentar las cosas de Dios, de Jesús, en la medida en que se le conoce».
«El gran defecto de nuestros tiempos es que esta Persona de la Trinidad es más
bien poco conocida y por lo tanto, sin esta intimidad, se hace difícil vivir el
Evangelio, vivir la fe», constató.
«A pesar de la gran revolución tecnológica y política y de las grandes guerras,
el siglo XX ha sido ciertamente el siglo del Espíritu Santo --constató--. Lo
demuestran el número de mártires, el número de santos, pero también el gran
despertar espiritual que lo ha caracterizado».
Según Martínez, basta con pensar en todos los carismas, en los nuevos
movimientos y en las nuevas comunidades que surgieron el siglo pasado. «El
Espíritu regenera continuamente la fe», explicó.
Por ello, Pentecostés es «la gran ocasión para desear la reunificación de la
cristiandad», subrayó el responsable del movimiento carismático, recordando que
el Santo Padre, en la encíclica «Ut unum sint», resaltó la importancia de que
haya un movimiento de corazones que supere las divisiones que se han
sedimentado en el tiempo.
También «es ocasión para recibir nuevos carismas. Los carismas se nos dan para
la evangelización. (...) Con el Concilio Vaticano II se redescubrió en el
Espíritu Santo no sólo su principio dinámico, sino esta fuente inagotable de
dones y carismas que hace a la Iglesia profética, que hace a la Iglesia
misionera».
«Toda falta de Espíritu Santo es de por sí causa de inmovilidad en la Iglesia
--advirtió--; la Iglesia está continuamente en movimiento a través de los
carismas del Espíritu».
«Pentecostés es, por lo tanto, la ocasión para invocar nuevos carismas y
redescubrir la vocación evangelizadora que existe en la Iglesia y en cada
bautizado», concluyó Salvatore Martínez.